La gente siempre pretende, siempre busca. No podemos sentirnos ajenos a ellos porque somos gente. Somos vulnerables y estamos destinados a ser ejecutores y victimas. Un día villanos y otro inocentes. Es la vida.

No pretendo con esto alertar, ya que en verdad hay que vivir la experiencia misma en nuestras carnes y encontrarnos sorprendidos por el hecho de que a nosotros también nos pasa. Humanamente hablando, es la forma en que aprendemos que lo que afecta a uno, afecta a todos. Experiencia, y esto no es un consejo, para nada.

 He sido engañada, sabe Dios por qué vez voy esta vez, me he sentido derrotada de vez en cuando, y esta vez en particular, fui engañada como si de una montaña rusa se tratara. Algunas veces creí que era paranoica por pensar que me estaban mintiendo y otras estaba completamente segura de que todo era una mentira. Debo admitir que quien me engaño supo tirar las cartas a la mesa y esconderse un mazo bajo la misma, solo tuvo suerte, porque yo he tenido unos días bastante extraños y me distraigo fácilmente.

 En fin, este episodio de mascaras y alucinaciones me hizo aprender por las malas que hay que leer las intenciones de la gente. El me engaño. Lo encaro, lo vivo. Hay ira. Todo pasa… Y tengo la suerte de haber entendido y analizado en este momento que la demás gente que lo ha hecho tiene algo en común con el y es que lo han tenido muy fácil, la culpa ha sido mía. Mi confianza en otros es más que la que pongo en mi misma.

Todo ha sucedido por poner un poco de fe en su minúsculo intento de invadirme y de repente todo crece a su favor. Lo más importante es que alimentando yo misma sus deseos les he marcado el sendero para verme la cara. Y ya de eso basta.

No es que vaya a ser incrédula y desconfiada de ahora en adelante, solo mirar más las actitudes y los gestos de la gente. Sí, es verdad, me seguirán engañando siempre, pero daré la batalla. No hubo nada de razón y me deje llevar, para la próxima, van a quemar neuronas y costearan el precio, digo, si es que logran conseguirlo.